LA DOCTORA INDIA
He comenzado el año con una extraña experiencia. He conocido una persona muy particular. Aparentemente se trataba de una campesina india del altiplano que venÃa a vender sus productos a la costa.
Me doy cuenta que muy pocos perciben la evolución cultural actual de los indios de nuestros paÃses, en especial los orgullosos e infatuados mestizos urbanos. Están apareciendo calladamente un pequeño grupo de indios que de una manera, generalmente muy penosa y sacrificada, alcanzan profesiones modernas.. No pongo precisamente como ejemplo el caso que acaba de conocer porque en si mismo es fuera de serie.
Ella es doctora en Medicina. Cuando entró en contacto conmigo, lo repito, estaba vestida como cualquier campesina, tez oscura, sombrerito y toscas ojotas de cámara de neumático en pies maltratados, sucios y renegridos. No es un disfraz, me dijo más tarde, es la adopción de la vida de mi familia de origen, es mi protección para nos ser ejecutada, mi cabeza tiene precio entre las mafias centroamericanas y mejicanas. Como yo debà abrir “tamaños ojosâ€, me dijo sucintamente:
-Tuve que realizar muchas autopsias de mujeres brutalmente torturadas en Juárez y San Salvador. Investigué Descubrà cosas. Si caigo en sus manos me espera una suerte peor que la de muchas de ellas.
En ese primer encuentro no se refirió más al tema. Prefirió explicarme algo de sà misma y las razones por las que habÃa venido a contactarme.
Nació en el altiplano. Padres luchadores que deseaban un porvenir mejor para sus hijos. Asistió a la escuela. Su profesora se interesó por ella y la llevó a la capital para que hiciese los estudios medios. Allà conoció los primeros zapatos y el ser esclava doméstica como pago de sus estudios. También la segregación por su origen. Consiguió ingresar en la universidad. Se fue a otro paÃs para mejorar sus estudios. Tuvo que prostituirse regularmente para pagárselos. Dijo ferozmente
-Era bonita (aun lo es) y tengo buenos músculos para satisfacer al macho lujurioso.
Doctorada, partió con una beca a Méjico. Como doctora principiante la dedicaron a las autopsias y entró en un mundo de horror recibiendo cadáveres mutilados de mujeres jóvenes, muchas de ellas indias. Cuatro años más tarde, en San Salvador una experiencia parecida. Recibió amenazas y comunicaciones que pronto ella misma sufrirÃa un tratamiento “especialâ€.Tuvo que huir sin recoger sus pertenencias.
Aun yo no veÃa, por más impactada que me encontrase, que relación habÃa para que me contactase. Ella solamente me dijo
- Yo, como usted, nunca he renunciado a ser india.
- Yo no soy india, dije, sino judÃa.
- Es lo mismo, sonrió, ambas pertenecemos a minorÃas malditas porque venimos directamente de los ORIGINALES.
Me prometió volver, sin aceptar mi hospitalidad.
